jueves, 24 de noviembre de 2011

Cuidado con las sectas, parecen inofencivas pero cuando estas dentro martirio.



No hay mayor afrenta a un amish que afeitarle la cabellera y la barba. Según la interpretación de la Biblia que hace este grupo religioso, dios establece que el pelo es sagrado y no debe cortarse. Eso es lo que hizo el obispo Samuel Mullet, que este miércoles ha sido detenido y acusado formalmente, junto con tres hijos, un yerno y dos discípulos, de haber conspirado para agredir  al menos a cuatro personas por motivos religiosos a las que rasuró el cabello.
Mullet lidera una secta instalada en la localidad Bergholz, Ohio, que en 2003 rompió con la ortodoxia amish y se ha dedicado a gobernar sobre sus feligreses a su cruel antojo y con total impunidad.Otro precepto amish es no recurrir, jamás, al castigo físico y a la venganza, y perdonar siempre a aquellos que comenten ofensas. En eso, Mullet es también muy heterodoxo. No predica el pacifismo que tan a gala tienen los demás grupos amish. Varios testigos han revelado al FBI episodios de abuso extremo. A uno de ellos, que además es su asociado y a quien también ha detenido y acusado la fiscalía, le hizo dormir en un gallinero, al aire libre, durante 12 días seguidos. En el contexto de semejante cultura de terror, en 2005 ocho familias huyeron de Bergholz.
Así describe el FBI, en la declaración jurada de un agente difundida por el Departamento de Justicia este miércoles, el clima de terror en la comunidad liderada por Mullet: “En desafío a la teología y doctrina amish, Samuel Mullet impuso castigos extremos y daños físicos a aquellos en la comunidad que le desobedecían, incluida la práctica de obligar a los fieles a dormir en gallineros o forzar a miembros del clan de Bergholz a que le dieran palizas a otros miembros que le desobedecieran”.
A los huidos, el obispo Mullet les excomulgó de forma fulminante. Aquello llamó la atención de otros obispos. Unos 300 amish se reunieron, entre 2005 y 2006, en un cónclave en la localidad de Ulysses, en Pensilvania. Después de alcanzar quórum, decidieron revocar las excomuniones y permitir a los parroquianos que se integraran en otras comunidades amish, sobre todo en los condados de Trumbull y Carroll, en Ohio. Entonces Mullet decidió vengarse.
El 4 de octubre acudió con sus hijos y secuaces al condado de Holmes y, con tijeras y máquinas de afeitar eléctricas le rasuró el cabello y la barba a dos fieles que habían participado en la revocación de sus excomuniones. “Los hombres de Bergholz desfiguraron a la primera víctima, cortándole el pelo de la cabeza y de la barba, y al hacerlo, le provocaron dolor físico y dos cortes sangrantes en la cabeza”, explica el FBI. Un método similar emplearon con el otro. Además tomaron fotos para dejar constancia de la humillación. Aquella misma noche viajaron al condado de Carroll para infligir el mismo daño físico y moral a una tercera víctima.
Posteriormente emplearon una técnica distinta, según la investigación del FBI. Engañosamente, atrajeron (por carta, pues su religión les impide el uso de teléfonos y ordenadores) a otro amish a Bergholz. Cuando este llegó, se vio reducido y, como los demás, afeitado. Esta última víctima era parte de la comunidad inicial de ocho familias que abandonó a Mullet en 2005.
Los siete amish rebeldes fueron arrestados por el FBI este miércoles. La fiscalía pública les acusa, según un comunicado, de “conspirar para cometer agresiones físicas con motivos religiosos”. La ortodoxia amish se define como cristiana, y aunque tiene raíces en la Europa del siglo XVI, la inmensa mayoría de sus 250.000 integrantes vive en Estados Unidos.

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