lunes, 30 de abril de 2012

Merkel echa a los políticos Españoles del BCE


ESPAÑA YA NO CUENTA.
Manuel González-Páramo cederá su sitio a Yves Mersch. No era lo que España tenía planificado, pero el equilibrio de poder formando en los últimos años en la cúpula del banco no le favorecía. La regla no escrita por la que, desde su creación, los cuatro grandes países del euro tenían plaza fija en el consejo ejecutivo del BCE no se perpetuará con el relevo de González-Páramo.

Berlín se la ha aplicado para sí y tiene garantizada la plaza hasta el 2020. Su prioridad ahora es otra: germanizar Frankfurt. Es decir, corregir la actual relación de fuerzas y asegurarse la entrada de un país con una tradición monetaria más afín a la suya en la cúpula del BCE, donde hoy hay un italiano, un portugués, un español, un francés, un belga y un alemán. El excelente candidato de Luxemburgo, actual gobernador de su banco central (goza de un enorme prestigio entre economistas y políticos europeos), puso fácil la jugada a Angela Merkel. 

La decisión se formalizará en cuanto pasen las elecciones presidenciales francesas, quizás "el lunes siguiente, por procedimiento escrito", explican fuentes diplomáticas. España, por su parte, obtendrá la dirección del nuevo fondo de rescate del euro, un puesto más técnico que político imposible de considerar como una compensación por la salida del directorio del BCE.

Aparejada a este nombramiento iba la decisión sobre la presidencia del Eurogrupo, la reunión mensual de ministros de Finanzas de la zona euro. Alemania se ha salido con la suya también en este punto y, de acuerdo con las fuentes, está decidido que sea su representante, Wolfgang Schäuble, quien releve a Jean-Claude Juncker al frente de este foro.

Al poder natural de influencia política de Alemania se sumará desde el 17 de julio, cuando Juncker termina su actual mandato, el poder factual que implica presidir el Eurogrupo. Demasiado poder alemán junto para París, que ha presionado hasta el límite para que el nombramiento no se hiciera efectivo hasta pasadas las elecciones presidenciales.

Con la entrada de Mersch en la cúpula del BCE, la cocina de sus decisiones, Merkel contenta de paso a la menguante alianza de la triple A. El grupo de pequeños países que todavía goza de la máxima calificación crediticia (cuatro, tras la salida de Austria: Alemania, Finlandia, Holanda y Luxemburgo) y que pide que se reconozca su buena gestión con una voz más fuerte en Frankfurt.

Luchas de poder aparte, el presidente del BCE, Mario Draghi, pidió esta semana a los gobiernos que vean más allá del corto plazo y piensen cómo debe ser la UE del futuro y pongan los medios para conseguirlo. "Debemos acelerar nuestras reflexiones sobre la visión a largo plazo para Europa, como hemos hecho en el pasado (...). Es el momento de pensar a largo plazo, de preguntarnos dónde queremos ir y qué condiciones deben darse para lograrlo".

El debate está en marcha, muy centrado en el papel del BCE, pero avanza en direcciones divergentes en Alemania y Francia. En las filas de Merkel sueñan con romper el modelo de un país, un voto,para que su peso político en el BCE sea proporcional al económico y pueda marcar la política monetaria. Mientras tanto, en París, tanto el actual inquilino del Elíseo, Nicolas Sarkozy, como el aspirante, François Hollande, hablan de reformarlo para ampliar su mandato y pueda dedicarse no sólo a controlar los precios, sino a fomentar el crecimiento. El debate es tan viejo como el euro, pero vuelve, quizá porque en su momento no se zanjó del todo.

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