jueves, 17 de noviembre de 2011

Política

Rajoy tiene un plan: hacer un "Hail Mary"

Por: | 17 de noviembre de 2011

Después de haber desvelado el gobierno  de Rajoy, y dada la inminencia de las elecciones, Café Steiner va a hacer una segunda incursión en los territorios de un blog vecino, El Diplomático, que cuenta los entresijos de la política exterior de España y otros país. Pues bien: aunque se crítica frecuentemente al Partido Popular por no desvelar los detalles de sus planes de Gobierno, en el caso de la política europea, parece que sí, que sí que hay un plan. ¿En qué consiste ese plan?
Si recuerdan la primera guerra del Golfo, el general estadounidense, Norman Schwarzkopf, aquel tipo inmenso que aparecía siempre en uniforme de camuflaje, adoptó un plan de combate basado en la maniobra del “Hail Mary”. “Hail Mary”, en lenguaje del fútbol americano, es una jugada desesperada de último minuto en la que no hay tiempo más que para lanzar un pase largo tras las filas del contrario con la esperanza de que algún jugador, que previamente se haya deslizado rápidamente por un lateral hasta situarse en la retaguardia del contrario, reciba el pase en profundidad y rápidamente marque decantando el marcador hacia la victoria (el video que abre esta sección lo explica muy gráficamente).
No se trata de una mera especulación: el “Hail Mary” es una jugada ya ensayada con éxito por el Partido Popular en 1996, en este caso con Aznar, cuando nada más llegar al gobierno se negó a pactar con Italia, entonces liderada por Romano Prodi, un retraso en el cumplimiento de los criterios para acceder a la Unión Económica Monetaria. Prodi contaba con que los populares españoles aceptarían “parar el reloj” y así dar más tiempo a España y a Italia para acceder al euro. Para ello contaba con las noticias que llegaban de España en el sentido de que la “herencia recibida” o “déficit oculto” haría muy difícil que el nuevo Gobierno español cumpliera los criterios de convergencia (especialmente en déficit y deuda). Pero, para sorpresa de Prodi, Aznar se negó a aceptar el trato e impuso un severo plan de ajuste que no sólo permitió a España pasar el “corte” y entrar en el euro, sino situar a España en la primera fila y ganar un enorme prestigio internacional. Dos años después, en 1998, se confirmó que España superaba el corte: Aznar incluso llegó a hablar de 1898 para decir que, cien años después, España se había subido al tren de la historia, no había sido apeado de él.
Algunos de los que vivieron aquellos dos años dicen que la sorpresa de Alemania fue mayúscula pues Berlín nunca había contado con que España fuera a ser capaz de cumplir los criterios. E incluso señalan que, “de aquellos polvos, estos lodos”, pues España arrastró tras de sí a Italia, Portugal y Grecia, con el resultado de que el afán por emularla y no quedarse fuera llevó a todos los países mediterráneos al euro, alterando así los planes de una Europa a dos velocidades que habían formulado en 1994, (nótese la coincidencia) Wolfgang Schäuble (por aquel entonces líder parlamentario de la CDU) y su colega Karl Lammers.
La situación actual se parece mucho a la de entonces. Viendo cómo se está disparando la prima de riesgo, da la impresión de que los populares españoles están en tiempo de descuento y de que sólo disponen de la posibilidad de realizar un solo pase en profundidad. Máxime si, como se anuncia estos días, las previsiones de déficit para 2011 (6% del PIB) se estarían incumpliendo por un margen de 2 o más puntos (dado el PIB de España, en torno al billón de euros, cada punto que se quiera recortar el déficit son 10.000 millones), la llegada del PP al Gobierno iría seguido de un anuncio de reducción del déficit de más o menos 30.000 millones (con el objetivo de situarlo en el 4% en 2012). Esa es la pelota con la que hacer la última jugada: ¿hacia dónde se lanzaría? Claramente, hacia Berlín. Así pues, después de las elecciones día 20, un eventual gobierno del PP, en lugar de intentar coordinarse con Italia, Grecia o Portugal, (ni siquiera Francia) intentaría aprovechar su afinidad ideológica con Merkel para, con el anuncio de un gran programa de reformas estructurales y recorte del gasto público para cumplir los objetivos de déficit, salir disparado hacia Berlín para establecer los términos de un gran pacto: austeridad y reformas a cambio de liquidez. La idea es que, mientras las reformas y los recortes surgen efecto (en el caso de que lo hagan) vía el crecimiento de la productividad y (eventualmente) el empleo, Alemania y el Banco Central Europeo oxigenen en lugar de estrangulen la economía española, tanto el lo que tiene que ver con la financiación del sector bancario español (que inevitablemente seguirá “enchufado” al BCE por algún tiempo) como desde el punto de vista de la rebaja de la presión sobre la deuda pública (que sólo el BCE puede afrontar, hoy por hoy, con sus operaciones en el mercado secundario).
Así pues, como en “Hail Mary”, un pase en profundidad hacia Berlín en el tiempo de descuento es prácticamente la única opción que le queda al PP. Hubo un tiempo en el que en el PP mandaban los anglófilos; hoy, Europa habla alemán, así que serán los germanófilos del PP los que tengan más poder, al menos en la fase aguda de la crisis.

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