martes, 3 de enero de 2012

Conciencia: El Cristo es un símbolo universal de libertad.



La Iglesia utiliza la liturgia de Cristo para lavarnos el cerebro

Así podemos observar comportamientos humanos en individuos que son incapaces de tener en cuenta el impacto de sus hechos en la línea del tiempo o de como van a afectar sus actos emocionalmente a otros. Si bien sienten que pueden hacerlo, no fomentan ni refuerzan esas facultades de su función mental. Esto se evidencia por el sentimiento de 'vacío interior', producto de la sensación de que tenemos potencial de continuar creando nuevos caminos sinápticos, pero no hay estímulo para ello. La razón principal de esto es porque no se ha desarrollado la capacidad de entendimiento del por qué se ha de emplear energías en entender ciertos aspectos que por otros medios se resuelven de forma más económica. La conclusión a la que llegan es que es una pérdida de recursos inútiles (no hay retroalimentación que permita efectuar un esfuerzo por establecer los enlaces sinápticos que permitirán razonar en base a datos temporales y/o emocionales).
Los trabajos de laboratorio durante las últimas décadas del siglo XX, con nuevas tecnologías, sobre todo la resonancia magnética, mostraron de qué modo se organiza la memoria, en qué zonas del cerebro se producen las imágenes, cómo los individuos reconocen unos objetos de otros, cuál es la región cerebral de las decisiones, cómo se comportan los neurotransmisores, el papel de procesos fisiológicos en el desarrollo de trastornos mentales y, en general, las bases biológicas de la psiquis humana, incluyendo la ética, que parece tener su lugar en la corteza cerebral.
Los datos aportan nuevos enlaces que permiten ir extrayendo del inconsciente elementos necesarios para estructurar la conciencia. En la práctica podemos dar por buenos ciertos datos que nos satisfacen, pasarlos por alto y no entender desde nuestra parte consciente como es posible que el resultado final no sea el planteado en su origen. La razón: deseamos desde nuestro inconsciente que lo bueno se cumpla
Las tres primeras no son exclusivas del hombre, sólo la última. Como especie animal no nos cuesta concienciarnos de las dos primeras, pues no depende de la educación o datos externos, va con la propia naturaleza de la conservación de la especie. El ejercicio más o menos acertado de la tercera dependerá de la educación recibida (los hay autodidactas), también es innata a la supervivencia y la cuarta no todo humano logra concienciarse en su mayor exponente (o sea, equipararla al uso que le damos a las otras tres), sino que son dependientes de la educación, costumbres y moral local. No suele manifestarse de forma consciente, sino como una imagen de lo que podríamos estar sintiendo nosotros en piel ajena. Ello motiva a actuar pensando que eso es lo bueno y lo malo, sin cuestionarlo ni racionalizarlo; las personas que lo han intentado han acabado convirtiéndose en líderes.
  1. Conciencia individual: se refiere a la conciencia de uno mismo y de cómo el entorno lo puede perjudicar o favorecer. Se establece lo que es bueno y malo para uno mismo. El ejercicio acertado de esta función mental se llama instinto de supervivencia. En el hombre, el resultado de su racionalización le dota de mayor capacidad de autodominarse, de una mayor creatividad y de esto nace la Inteligencia preconsciente

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