domingo, 29 de abril de 2012

Cuatro años de indigencia con el pp con ,bankia y Valencia en la uvi



Cuidado Rato y Fabra PISTOLEROS  DEL PP
Tres meses de ambigüedad sobre los recortes en el gasto social (consecuencia directa de la Operación Andalucía) y el aplazamiento del problema Bankia -junto con otros factores, como el baile de cifras sobre el déficit en Bruselas- han debilitado la posición española en un momento de especial nerviosismo en el Directorio Europeas, por las inciertas consecuencias de las presidenciales francesas. Ahora se abre un trepidante ciclo electoral de otros quince meses en Occidente (Francia, Grecia, Holanda, Estados Unidos, Italia y Alemania). Ese podría ser el dibujo del torbellino en el que se halla la nave España dos años después del choque en el Mar del Norte, torbellino acelerado la semana pasada por la inesperada coalición de los peronistas argentinos con los elefantes de Botsuana.
El Gobierno ha querido reaccionar enviando mensajes de fortaleza al exterior. Mayoría absoluta sin cortapisas en la votación del presupuesto y mano dura con las autonomías, el chivo expiatorio preferido, por ser las terminales del gasto social y haber acumulado bajo sus alfombras unos bultos muy sospechosos para los analistas financieros. Ello explica que en las dos últimas semanas haya circulado intensamente por Madrid el rumor de una inminente intervención de la Comunidad Valenciana, administración regional con graves dificultades financieras y con una estructura política debilitada por el vendaval del caso Gürtel. En estos momentos no hay ni un valenciano en el Consejo de Ministros y en el elenco de los secretarios de Estado. Hipótesis: una señal fuerte al exterior y un aviso al interior, sin riesgo de grave polémica por ser una comunidad gobernada por el PP. Precio: una incierta erosión de la gran hegemonía del centroderecha en Levante.

Bajo estas coordenadas, la Generalitat valenciana ha acelerado sus planes de saneamiento, hasta configurar un plan de choque de dimensiones vertiginosas: despido de 5.000 empleados públicos, prácticamente la mitad de la plantilla de las empresas vinculadas a la Generalitat (posible ERE de 1.100 trabajadores en Canal 9) y anuncio de una intensa privatización de la gestión de la sanidad pública. Una prueba política y social de enorme calado para el actual presidente valenciano, Alberto Fabra, un hombre templado que se mantiene lejos de la tentación populista. Mientras el rumor de la intervención revolotea por Madrid, Valencia se convierte en piedra de toque de la grave crisis española. La reconfiguración del Estado autonómico empieza por Valencia. Y Bankia sigue esperando.

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