sábado, 21 de julio de 2012

El rey Enrique VIII de Inglaterra era lujurioso y gay




Según reza la leyenda, el castillo de Hampton Court, situado al suroeste de Londres y convertido hoy en día en una popular atracción turística de 500 años de historia, está habitado por el espíritu de Catalina Howard, ejecutada por orden del rey en 1542 a los dos años del matrimonio.
Fue en Hampton Court donde se detuvo a Catalina Howard y donde quedó arrestada a causa de unos celos retrospectivos. Enriqe VIII se acababa de enterar de diversas relaciones sentimentales que había mantenido su mujer antes de la boda. En ese palacio real murió además la tercera esposa de Enrique VIII, Jane Seymour, al año siguiente de su matrimonio con el rey de las seis esposas, cuyas ansias matrimoniales provocaron la ruptura con la Iglesia Católica y el nacimiento del anglicanismo.Las mujeres se reían de él. El se enfadaba. Ellas tenían aventuras con caballeros más jóvenes y apuestos a quienes contaban todas las intimidades del decrépito monarca.
el pesado Enrique VIII no tenía más remedio que aguantar dolores, rumores, vejaciones e insultos nada velados, aunque sí claramente insinuados e hirientes. El ya no podía como hombre defenderse. Era un simple bodoque al que aún le quedaba cierto don de mando y fuerza para seguir luchando, para seguir mandando y para seguir asesinando.
Completó la Reforma anglicana y persiguió con la misma dureza y crueldad a los católicos que a los calvinistas. Expropiadas las iglesias católicas, los sacerdotes tuvieron que celebrar la misa secretamente. Por esta razón fue la gran enemiga de Felipe II. Protegió a los protestantes, enemigos de España, y alentó las sublevaciones de los Países Bajos. Gracias a ella,Inglaterra fijó los cimientos de su grandeza y poderío. Bajo su protección y dirección, los piratas ingleses asolaban las colonias del Nuevo Mundo y se apoderaban de las naves que, cargadas de riquezas, regresaban a España. El más famoso de todos fue Francis Drake, el segundo navegante que dio la vuelta al mundo.
El lord católico Enrique Darnley, hombre vicioso y de malas costumbres, que murió en circunstancias misteriosas. La voz popular atribuyó el asesinato al conde de Bothwell, íntimo de la reina,de quien recibió una misiva de la condición homoxesual del rey.1509-1547


Según han señalado los responsables de Hampton Court, que hoy en día es un museo, después de muchos rumores sobre el encantamiento del palacio, en octubre pasado se captó por primera vez una imagen del supuesto fantasma. Las cámaras del circuito cerrado de televisión recogieron primero imágenes de puertas abriéndose, sin que nadie las empujara, y posteriormente a una figura espectral que cerraba la puerta.
"Es muy inquietante", apuntó el guardia de seguridad, que precisó que ninguno de los guías del castillo que utilizan disfraces llevan ropas parecidas a las utilizadas por el supuesto fantasma. "Mi primera reacción es que alguien nos estaba tomando el pelo, así que les pedía a mis colegas que echaran un vistazo; hablamos con los guías que van disfrazados pero no llevan un vestido como el de la figura", aseguró.
En marzo de 2001 la administración del palacio de Hampton Court llamó a un grupo de "cazafantasmas" después de que algunos turistas alertasen de "una presencia espectral", de que escucharon gritos y de que hubo súbitos descensos de temperatura. Entonces, un equipo de psicólogos de la Universidad de Hertfordshire, tras instalar cámaras térmicas y detectores de movimiento de aire, llegaron a la conclusión de que los descensos de temperatura se debían a una gélida corriente de aire.
Cuenta la leyenda que un día, mientras Enrique VIII asistía a misa en el palacio de Hampton Court, su quinta esposa, Catalina Howard, logró escapar de sus aposentos, donde había sido encerrada hasta que el rey, quien la acusaba de adulterio, decidiera su destino. La joven llegó a la carrera hasta la puerta de la capilla; pero no tuvo oportunidad de pedir clemencia al
monarca. Los guardias la detuvieron y la arrastraron de vuelta a sus dependencias mientras imploraba a gritos el perdón de su marido. Fue decapitada el 13 de febrero de 1542 y reemplazada en el lecho de Enrique VIII por Catalina Parr. Sin embargo, para muchos, Catalina Howard nunca abandonó Hampton Court.
 
Desde que en 1870 la reina Victoria abrió el palacio al público, el pasillo por el que fue arrastrada la joven ha sido escenario de fenómenos extraños, hasta tal punto que es conocido como la Galería Encantada. Ya a principios del siglo XX, 
el pasaje "había sido asociado a experiencias inusuales que incluían visiones de 'una mujer vestida de blanco' y alaridos inexplicables", indican Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, y sus colaboradores en el último número del British Journal of Psychology. Diecisiete páginas dedica la revista de la Sociedad Británica de Psicología a "Una investigación sobre supuestos lugares encantados" hecha por cinco psicólogos en el palacio de Hampton Court, en Surrey, y en las criptas de South Bridge, uno de los principales lugares encantados de Edimburgo.
Wiseman y sus colegas firman el primer estudio científicamente controlado sobre actividad fantasmal. Querían averiguar por qué quienes dicen haber vivido experiencias extrañas las localizan en las zonas tradicionalmente consideradas encantadas, y no en otras, de ciertos edificios: si se debe a
que saben con anterioridad de la existencia de esos lugares especiales o si hay algo más. Lo que han descubierto es que hay algo más. "Aunque no podemos descartar la influencia de las expectativas y creencias en lo paranormal a la hora de explicar los fenómenos, los resultados indican que el conocimiento previo no justifica la concentración de experiencias en determinados puntos".
Tanto en el palacio como en las criptas, un guarda identificó las zonas encantadas antes de las pruebas, aunque no informó de su situación a los experimentadores hasta después de la recogida de datos. Es lo que se llama procedimiento de doble ciego: ni el investigador ni el sujeto objeto de estudio conocen aspectos del experimento que podrían influir en los resultados. Además, los investigadores entrevistaron previamente a los voluntarios para saber qué conocimiento tenían de las zonas encantadas de los inmuebles.
Los 462 participantes en el experimento en Hampton Court, elegidos entre quienes habían visitado el palacio en mayo y junio de 2000, recorrieron la Galería Encantada y las Habitaciones Jorgianas. 215 individuos vivieron al menos una experiencia extraña en el palacio, donde la media de apariciones fantasmales por cada uno que notó algo raro fue de dos. Dos terceras partes de las vivencias correspondieron a cambios en la temperatura ambiental; el resto, a una mezla de mareos, dolores de cabeza, olores asquerosos, dificultad para respirar... Los autores consideran "sorprendente que tantos participantes vivieran sucesos extraños", cuando las pruebas se hicieron con las dependencias bien iluminadas y llenas de ruidosos turistas. Un 13,9% de los sujetos que percibió algo raro creía que se trataba de fantasmas, un 48,8% estaba convencido de que no era algo paranormal y un 37,2% no sabía qué decir.
Cada uno de los 218 sujetos que participó en el experimento en las criptas de South Bridge -donde se dice que hay un espíritu que empuja a la gente y susurra obscenidades- pasó diez minutos en una cámara. Después, los investigadores fueron informados de 172 experiencias extrañas, vividas por 95 individuos en unas dependencias silenciosas, húmedas y tenuemente iluminadas. Al igual que en el palacio de Enrique VIII, la mayoría consistió en cambios de temperatura; pero muchos también escucharon ruidos, tuvieron la sensación de ser observados... El 3,3% se mostró convencido de que había espectros de por medio, el 58% dijo que no y el 43,3% no se pronunció.
Los resultados de los dos experimentos "son coherentes, con alrededor del 45% de los participantes en cada uno de ellos que ha informado de, al menos, una experiencia inusual", dicen los psicólogos, quienes añaden que "algunas de las vivencias resultaron tan impactantes para los sujetos que las han interpretado como originadas por fantasmas". Los fenómenos denunciados fueron del mismo tipo que los que históricamente se habían registrado en los inmuebles.
En Hampton Court, los participantes vivieron "un número desproporcionadamente mayor de experiencias extrañas en las zonas encantadas" que en aquellas clasificadas como normales y, en las criptas de la capital escocesa, se dio una "importante correlación" entre las cámaras fantasmales y los fenómenos inusuales. Los resultados demuestran, además, que la idea de que la gente ve y siente cosas raras en determinadas zonas de algunos edificios porque sabe que se trata de sitios 'encantado carece de fundamento.
¿A qué se debe entonces la actividad fantasmal en ciertos lugares? ¿A almas en pena? Los psicólogos británicos no se limitaron a recopilar los testimonios de los participantes: también midieron una serie de factores ambientales, de algunos de los cuales los testigos no llegan a ser conscientes. Así, en el palacio de Hampton Court, descubrieron que los fenómenos extraños se concentran en zonas donde hay pequeñas variaciones del campo magnético, mientras que en las criptas se da una correlación entre cambios de iluminación y vivencias paranormales.
"Estos hallazgos indican claramente que los supuestos lugares encantados no son en sí una prueba de actividad fantasmal, sino más bien de la respuesta de las personas a factores ambientales normales", concluye Richard Wiseman. El psicólogo, quien no cree en los espíritus, quiere ahora construir la primera casa encantada de la historia -con variaciones de iluminación, temperatura y campo magnético controladas- para saber cómo se crean los fantasmas.

1 comentario:

Germán Rossi dijo...

No son fantasmas, esas patrañas las inventan los ingleses para que los turistas dejen dólares, igual que "el abominable hombre de las nieves", "el monstruo de Loch Ness", las apariciones de ovnis en Roswell Nuevo México, ( en Roswell recaudaron 2 o 3 millones de dólares en un año vendiendo souvenirs sobre el presunto accidente de un ovni en 1947), una cantidad nada despreciable para un pueblo chico.

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