lunes, 21 de septiembre de 2015

Proliferan brujos y videntes Pero no devuelven el dinero si fallan.

 El  tribunal supremo dice:"La esperanza es humanamente entendida, pero la confianza en la magia no puede recabar la protección del derecho penal", dice el SupremoResultado de imagen de brujo africano

Desde hace años, proliferan brujos y videntes que aseguran curar todos los males. Pero no devuelven el dinero si fallan. El Tribunal Supremo avala la legalidad de la actividad

 Las velas iluminan de refilón al brujo. Está sentado sobre una alfombra y es algo más menudo que su compañero. Lleva una túnica negra y un birrete blanco. Y sujeta un rosario de este color. 

  Resulta que Amparo dejó a Carlos porque estaba cansada de la rutina. Y ahora él tiene el aura sucia. Si quiere recuperarla, tiene que purificarse. Y eso cuesta 950 euros. Regateables, eso sí. "Existe un producto que fabrican nuestros espíritus. Harían un sacrificio en tu nombre. Y luego te traeríamos un gel desde Conakry que te tendrías que untar tres veces al día por todo el cuerpo. Tenemos tres modelos: el de 950 euros, con más energía positiva. El de 750, con menos. Y uno más pequeño de 550". El profesor vuelve a intervenir:

 "La ansiedad y el miedo que le provocan los cambios o la posibilidad de que le ocurra algo malo son mayores que la racionalidad. Aunque también tienes que estar predispuesto a creer en estas prácticas", matiza. En abril, el Centro de Investigaciones Sociológicas preguntó a 2.479 españoles por su fe: el 68,8% se declaraban católicos; el 2,3% profesaba otra religión; no creyentes, 15,6%; ateos el 10,3%; y el 3% no contestaron. Es difícil saber si los clientes que acuden a la tienda la Santería Milagrosa, en la esquina con la calle de Montera, lo hacen movidos por esa ansiedad o simple curiosidad. 
 El nombre de la tienda es puro marketing. Y no les va mal a tenor de lo que facturan: un millón de euros al año. Lo afirma el dueño del grupo Santería Milagrosa, Ricardo Salas. Curiosamente, ateo convencido.
 El producto más vendido es el agua de Florida. "Cuesta 9,90 euros y huele muy bien. En Perú lo venden para curar dolores. Si tú te lo crees y te va bien ¡aleluya!

Brujería es el grupo de creencias, conocimientos prácticos y actividades atribuidos a ciertas personas llamadas brujas (existe también la forma masculina, brujos, aunque es menos frecuente) que están supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas que emplean con diversas finalidades.
La creencia en la brujería es común en numerosas culturas desde la más remota antigüedad, y las interpretaciones del fenómeno varían significativamente de una cultura a otra. En el Occidente cristiano, la brujería se ha relacionado frecuentemente con la creencia en el Diablo, especialmente durante la Edad Moderna, en que se desató en Europa una obsesión por la brujería que desembocó en numerosos procesos y ejecuciones de brujas (lo que se denomina «caza de brujas»). Algunas teorías relacionan la brujería europea con antiguas religiones paganas de la fertilidad, aunque ninguna de ellas ha podido ser demostrada. Las brujas tienen una gran importancia en el folclore de muchas culturas, y forman parte de la cultura popular.

El antropólogo español Julio Caro Baroja7 propone diferenciar entre «brujas» y «hechiceras». Las primeras habrían desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y habrían sido las principales víctimas de las cazas de brujas en los años 1450 a 1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad clásica, son personajes fundamentalmente urbanos: un ejemplo característico en la literatura española es la protagonista de La Celestina de Fernando de Rojas. La distinción entre bruja y hechicera es además frecuente en la literatura española del Siglo de Oro: en El coloquio de los perros, Cervantes hace decir al perro Berganza (ref:El coloquio de los perros):

[...] he querido dejar todos los vicios de la hechicería, en que estaba engolfada muchos años había y sólo me he quedado con la curiosidad de ser bruja, que es un vicio dificultosísimo de dejar.
Carmelo Lisón Tolosana diferencia asimismo entre hechicera y bruja pero según este antropólogo español aquélla se basa en la distinta relación que mantienen una y otra con el poder oculto y maligno, con el poder demoníaco. La hechicera es tan antigua que "en realidad en toda cultura pueden encontrarse prácticas de magia hechiceril o maléfica, realizadas con intención de causar daño a otros, por medio de técnicas apropiadas e invocación de poderes misteriosos o demoníacos". Así la hechicera invoca y se sirve del poder demoníaco para realizar sus conjuros, mientras que la bruja hace un pacto con Satán, renuncia a su fe y rinde culto al diablo. "La fuente del poder oculto no es ahora la fuerza de la palabra ni la invocación al diablo ni la ceremonia mágica, sino que aquélla proviene de la adoración personal y voluntaria al demonio por parte de la bruja hereje y apóstata; su poder es vicario pero diabólico, adquirido a través de pacto explícito, personal y directo con el mismísimo Satán en conciliábulo nocturno y destructor que anuncia el aquelarre". El paso de la hechicera a esta "bruja satánica", "bruja aquelárrica", como las llama también Carmelo Lisón, se produjo en Europa a lo largo de los dos siglos finales de la Edad Media.


En las antiguas Grecia y Roma, estaba extendida la creencia en la magia. Existía, sin embargo, una clara distinción entre distintos tipos de magia según su intención. La magia benéfica a menudo se realizaba públicamente, era considerada necesaria e incluso existían funcionarios estatales, como los augures romanos, encargados de esta actividad. En cambio, la magia realizada con fines maléficos era perseguida. Se atribuía generalmente la magia maléfica a hechiceras (en latín maléficae), de las que hay numerosas menciones en numerosos autores clásicos.

Según los textos clásicos, se creía de estas hechiceras que tenían la capacidad de transformarse en animales, que podían volar de noche y que practicaban la magia tanto en provecho propio como por encargo de terceras personas. Se dedicaban preferentemente a la magia erótica, aunque también eran capaces de provocar daños tales como enfermedades o tempestades. Se reunían de noche, y consideraban como sus protectoras e invocaban en sus conjuros a diosas como Hécate, Selene, Diana entre otras deidades.

En la Torah (el Antiguo Testamento cristiano) no aparece el concepto de «brujería», con el significado y las connotaciones que se desarrollarían en el medioevo europeo. En el Éxodo lo que se prohíbe concretamente es la magia o hechicería (en hebreo kasháf, ‘la que susurra’), es decir la práctica de, mediante invocar dioses o espíritus, o mediante fórmulas mágicas obtenidas gracias al conocimiento y la sabiduría supuestamente sobrenaturales, tratar de influir sobre personas y acontecimientos futuros. En esto difiere la magia de la adivinación, pues esta última solo trata de descubrir acontecimientos futuros, no de influir en ellos o cambiarlos. En suma, los hechiceros mencionados en la Biblia no son satanistas sino sacerdotes más o menos formales de cultos de esa época. Se llama así tanto a los sacerdotes de Egipto, como a los de Babilonia y a Persia.
En la Torah se establece que la hechicería debe ser castigada con la pena de muerte: «A la hechicera no la dejarás que viva» (Éxodo 22:18). Es de notar que, al igual que en la Grecia y Roma clásicas, la brujería aparece como una actividad mayoritariamente femenina.

Los padres de la Iglesia se mostraron escépticos sobre la realidad de la brujería. Agustín de Hipona dudaba de la posibilidad de la metamorfosis y desarrolló la teoría de que los delirios de los brujos eran creados por el diablo.
Sin embargo, el Código Teodosiano promulga, por primera vez, una ley en contra del ejercicio de la magia, en 429. En 534, el segundo Código de Justiniano prohíbe consultar a los astrólogos y adivinos por ser una «profesión depravada». El Concilio de Ancira o Concilio de Elvira, en 306, declara que matar a través de un conjuro es un pecado y la obra del demonio. El Concilio de Laodicea solicita, en 360, la excomunión de todo aquel que practique la brujería, la adivinación, la astrología o la magia.
En la Alta Edad Media abundan los testimonios de eclesiásticos que denuncian como ilusiones las viejas creencias sobre las brujas, condenándolas como cultos paganos.En la segunda mitad del siglo XIII la percepción de la brujería cambia y se acentúa la preocupación por ella a causa de la difusión de textos herméticos y de la idea mantenida por ciertos clérigos eruditos de que los cristianos a veces dejaban que el diablo se apoderara de ellos o de una parte de su ser. Así se pasa de la visión de la brujería como una superstición o como el resultado de ilusiones demoníacas, a pensar que los que la practican lo que buscan es establecer pactos con el diablo, por lo que se cree necesario clasificar muy bien sus prácticas e interrogarlos con detenimiento. A partir de entonces la creencia en las intervenciones directas del diablo en la vida del hombres se hace más real, más evidente, más repetida, como nunca antes en la historia medieval. Esta preocupación llega al papa que consulta a los teólogos, cuya opinión queda plasmada en la bula Super illius specula
 Actualmente, con la crisis que azota el país, los celos, la frustración, la avaricia y el egoísmo, ha aumentado el uso de la brujería africana. Se está acudiendo principalmente para aumentos de pene, conseguir mantener la pareja, enamorar a alguien de quién estamos obsesionados, incluso desear un mal a alguien por celos o porque nos ha sido infiel.

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"En África no tiene sentido preguntar si las brujas existen o no", dice el libro 'African Traditional Religion (La religión tradicional africana)', ya que "para los africanos de toda clase social, la brujería es una auténtica realidad y adquiere una gran importancia".

Se puede decir que la magia nació en África hace 25.000 años y siempre ha sido usada como consuelo, medicina, o religión. Desde África, la brujería se extendió a otros países, llegó incluso a transformarse en un culto al propio diablo, sobre todo desde que la religión Cristiana renegó de los cultos naturistas y los tachó de brujería, herejía y culto al mal. Se extendió el miedo al Vudú, que en principio era una técnica usada para sanar a la gente a distancia, y que su mal uso hizo que ganase el miedo y el respeto por temor a recibir males ocasionados por otra persona.

 

 La magia negra o brujería mala se dirige contra cualquier persona a la que se le desea un mal. En África se cree que quienes acuden a un brujo para realizar magia negra a alguien, lo hacen para causar peleas, esterilidad, enfermedades o incluso la muerte. Y los brujos son capaces de ocasionarlo, si el hechizado cree en estos poderes.

La magia blanca o brujería buena se usa para lograr protegerse del mal. Los que la realizan fabrican pulseras o anillos mágicos que protegen del mal, toman ciertas pócimas o se untan ungüentos. También suelen llevar amuletos con párrafos de la Biblia o el Corán.


La brujería está muy extendida en África

Actualmente, con la crisis que azota el país, los celos, la frustración, la avaricia y el egoísmo, ha aumentado el uso de la brujería africana. Se está acudiendo principalmente para aumentos de pene, conseguir mantener la pareja, enamorar a alguien de quién estamos obsesionados, incluso desear un mal a alguien por celos o porque nos ha sido infiel.
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La historia de la brujería africana


"En África no tiene sentido preguntar si las brujas existen o no", dice el libro 'African Traditional Religion (La religión tradicional africana)', ya que "para los africanos de toda clase social, la brujería es una auténtica realidad y adquiere una gran importancia".

Se puede decir que la magia nació en África hace 25.000 años y siempre ha sido usada como consuelo, medicina, o religión. Desde África, la brujería se extendió a otros países, llegó incluso a transformarse en un culto al propio diablo, sobre todo desde que la religión Cristiana renegó de los cultos naturistas y los tachó de brujería, herejía y culto al mal. Se extendió el miedo al Vudú, que en principio era una técnica usada para sanar a la gente a distancia, y que su mal uso hizo que ganase el miedo y el respeto por temor a recibir males ocasionados por otra persona.

El máximo esplendor en Europa fue en la Edad Media, conocida como la época dorada de la brujería. En el sur de Francia se mostró especialmente activa, al igual que en España Italia y Alemania. Pero quizá la zona donde más se usa la brujería africana sin contar el propio continente es en América, ya que se extendió por allí a causa de la emigración, en muchas ocasiones causadas por la esclavitud. Una vez allí se fusionó con la santería de América del Sur.


El vudú nació para sanar a la gente a distancia

Actualmente en España a causa de la inmigración sudamericana, ésta es la brujería que más se usa, una mezcla entre santería cubana y brujería africana.

Cuáles son las técnicas y cómo se desarrollan actualmente en África


En África rendir culto a la naturaleza, y la magia sigue siendo algo bastante común e importante. Popularmente se cree en una fuerza o poder oculto que no forma parte del mundo material, sobre el que Dios posee todo el control. Este poder es usado por espíritus y antepasados, a los que hay que rendir respeto y honores continuamente. Algunas personas también son capaces de aprovecharlo, bien sea para el bien (magia blanca) o para el mal (magia negra).

La magia negra o brujería mala se dirige contra cualquier persona a la que se le desea un mal. En África se cree que quienes acuden a un brujo para realizar magia negra a alguien, lo hacen para causar peleas, esterilidad, enfermedades o incluso la muerte. Y los brujos son capaces de ocasionarlo, si el hechizado cree en estos poderes.

La magia blanca o brujería buena se usa para lograr protegerse del mal. Los que la realizan fabrican pulseras o anillos mágicos que protegen del mal, toman ciertas pócimas o se untan ungüentos. También suelen llevar amuletos con párrafos de la Biblia o el Corán.


La magia blanca se usa para lograr protegerse del mal

Según las encuestas, en Sudáfrica más del 80% confía plenamente en los "sangomas" que son los aproximadamente doscientos mil "brujos" que existen en el país. Normalmente estos "brujos" prometen realizar cualquier tipo de curación por menos de 30 o 50 dólares. Esta situación se vuelve terriblemente peligrosa cuando entre otras cosas más livianas como un eccema, prometen purificar la sangre de un infectado por VIH (SIDA).

Tal es la creencia en la brujería y sus métodos, que en la República Democrática del Congo entre 25.000 y 50.000 niños son abandonados por parte de sus madres ante la sospecha de que pudieran estar siendo objeto de algún tipo de brujería o maleficio. Es más, en Suazilandia, un pequeño país entre Sudáfrica y Mozambique, las autoridades de aviación han tomado hace apenas tres meses la medida de sancionar con arresto y multa de 50 mil dólares a las brujas que vuelen a más de ciento cincuenta metros. De esa manera pretenden evitar accidentes aéreos.
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Al este del continente, sobretodo en Tanzania y Burundi, al menos 50 personas con albinismo (personas que padecen un trastorno que deja la piel, el cabello y el iris de los ojos sin casi pigmentación) fueron asesinados el pasado año para realizar pociones con partes de su cuerpo o con su sangre. Son especialmente valorados si son niños, ya que creen que al ser albinos poseen poderes mágicos. Y es que en África, donde la mayoría de las personas son de piel oscura, los albinos suelen asustar y no pasan desapercibidos, ocasionando incluso vergüenza a la familia por haber engendrado un bebé con este trastorno.

 Las pociones que se usan son llamadas "mutis" y suelen hacerlas beber o impregnarse el cuerpo a quienes desean recibir algún tipo de ayuda a través de la brujería. Están compuestas por plantas, secreciones animales, sangre y partes de animales o incluso humanos que han sido sacrificados en algún ritual.

Los rituales son como hemos comentado, para sacrificar animales o personas, pero agraciadamente no siempre es así, pueden ser simplemente oraciones, cánticos y bailes que "provocan" que los espíritus lleven a cabo la brujería que se pretende.

En estos rituales se usan velas creadas especialmente para esa petición, en algunos casos son simplemente velas normales y corrientes, otras veces les dan forma de persona e incluso a veces están hechas de grasa humana.

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Síntomas de que uno está siendo objeto de brujería africana


Para descubrir si alguien nos ha hechizado o realizado algún tipo de brujería, existen ciertos síntomas que si no están justificados por otra causa, pueden ser indicativos del maleficio.


La mejor forma de no caer en un maleficio es no creer en él

- Bloqueos mentales aunque se pongan todos los medios y esfuerzos para resolver un problema.
- Pensamientos negativos bastante recurrentes.
- Pesadillas.
- Pesadez, asfixia y sensación de ahogo a la altura de la garganta.
- Aceleración de los latidos del corazón, y una respiración irregular sin ningún tipo de esfuerzo físico.
- Ataques de ansiedad injustificados.
- Marcas en el cuerpo que aparecen sin ningún tipo de explicación natural, como moratones, arañazos o quemaduras.
- Altercados con la familia, amigos o pareja sin una razón aparente, con comportamientos anormales y poco habituales.
- Miedos y fobias que aparecen repentinamente, llegando a causar bastante ansiedad.
- Sensación de no estar solo, de sentirse observado o perseguido.
- Estar siempre preocupado, tenso, impidiendo así relajarse y llevar una vida feliz y normal.
- O incluso la muerte repentina.

Cómo defenderse de un maleficio de brujería africana


Defenderse de la magia negra o brujería africana no es muy complicado. Principalmente existen amuletos, pócimas, fumigaciones, dietas especiales o incluso exorcismos; pero para todo esto hay que acudir a un brujo que nos ofrezca todas estas posibilidades y nos indique cual es la más apropiada para el embrujo al que estamos sometidos.

Algunas veces el rito del exorcismo es la mejor manera de paliar la brujería, ya que expulsa de nuestro cuerpo y nuestra vida el mal que nos está causando la indisposición.

Pero siendo prácticos, la mejor manera de no caer nunca en un hechizo de brujería, tanto africana como de santería o de otra denominación, es simplemente no creer en él. La sugestión es casi siempre la causante de muchos de los males que puedan ocurrir en personas que tienen una fe ciega en la brujería africana.

La cuestión es ¿Crees o no crees?



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